Vivimos rodeados de información. Informes, presentaciones, documentos, datos, procesos, servicios, proyectos… El problema muchas veces no es que nos falte información, sino todo lo contrario: tenemos tanta que resulta difícil saber qué es realmente importante.
Aquí es donde el Visual Thinking y las infografías pueden ayudarnos.
Una buena infografía no consiste en añadir dibujos a un texto. Implica seleccionar, ordenar, jerarquizar y relacionar la información para conseguir que un contenido complejo pueda comprenderse de forma mucho más rápida.
Como veis, se trata de transformar información en comprensión.
Resumir no es quitar información: es resaltar lo esencial
Cuando tenemos delante un gran volumen de información, existe la tentación de intentar contarlo todo. Y ahí suele empezar el problema.
Cuanto más contenido incorporamos, más difícil resulta identificar qué es importante, cómo se relacionan unas ideas con otras o cuál es el mensaje que deberíamos recordar.
Antes de crear una infografía visual, hay que hacer un trabajo fundamental: decidir qué queremos contar.
¿Qué necesita entender la persona que va a verla?
¿Qué ideas son esenciales?
¿Qué información podemos agrupar?
¿Qué relaciones queremos hacer visibles?
¿Dónde queremos poner el foco?
El Visual Thinking ayuda precisamente a realizar ese ejercicio de síntesis. Nos obliga a pasar de “todo esto es importante” a “esto es lo que necesito que comprendas”.
La ventaja de entender algo de un golpe de vista
Una de las grandes ventajas de la comunicación visual es que nos permite tener una visión global de la información. Podemos observar primero el conjunto y después acercarnos al detalle.
En una infografía bien estructurada podemos detectar rápidamente grupos, recorridos, jerarquías, conexiones, etapas o elementos relacionados.
Esto resulta especialmente útil cuando necesitamos explicar servicios, procesos, proyectos, estrategias o conceptos complejos a personas que no necesariamente conocen el tema en profundidad.
La información sigue estando ahí, pero hemos creado una estructura que ayuda a recorrerla.
Y hay otra ventaja que me parece especialmente importante: podemos recordarla mejor porque ya no tenemos únicamente palabras aisladas. Tenemos una estructura visual a la que asociarlas.
Una misma información puede visualizarse de distintas maneras
Y aquí viene una parte que me encanta de las infografías: no existe una única forma correcta de visualizar una información. La estructura que elijamos dependerá de qué queremos que vea primero la persona.
Estas tres imágenes pertenecen a un mismo trabajo. Partimos de información relacionada con los servicios que una entidad ofrece a las personas a lo largo de las diferentes etapas de su vida.
Sin embargo, la misma realidad puede contarse desde perspectivas diferentes.
1. El mapa visual: ¿dónde sucede?

En este caso, el foco está en los lugares y ámbitos en los que se prestan los servicios: viviendas tuteladas, centros asistenciales, educación especial, centros de formación, deporte y ocio, centros especiales de empleo…
La estructura funciona como un mapa visual.
No necesitamos leer primero un documento que enumere todos los servicios. Podemos observar el conjunto y entender rápidamente que existe una red de espacios y recursos diferentes.
Este tipo de infografía funciona especialmente bien cuando queremos mostrar un ecosistema, una red, áreas de actuación, departamentos, servicios o elementos que forman parte de un todo.
La pregunta que responde sería: ¿Qué tenemos y cómo se distribuye?
2. La tabla visual: ¿qué ocurre en cada etapa?

Pero podemos cambiar completamente el punto de vista. Si lo importante es comprender cómo se acompaña a una persona a lo largo de su vida, una tabla puede ser mucho más útil. Infancia, adolescencia, juventud, edad adulta… Ahora podemos cruzar cada etapa con tres preguntas:
¿Qué ofrecemos? ¿Qué necesidades cubrimos? ¿Qué conseguimos?
La tabla permite comparar y descubrir una continuidad que quizá sería mucho más difícil de percibir en varios párrafos de texto.
Y los pequeños elementos visuales ayudan a identificar las etapas y a romper la sensación de estar ante una tabla puramente técnica.
Esta estructura resulta especialmente útil cuando queremos comparar categorías, cruzar variables, mostrar una evolución o presentar información siguiendo criterios comunes.
Aquí la pregunta cambia: ¿Qué ocurre en cada momento?
3. La metáfora visual: ¿cuál es la gran idea?

Y todavía podemos hacer algo diferente. Podemos dejar de intentar representar todos los datos y preguntarnos: ¿Cuál es la idea que queremos que permanezca en la cabeza de quien vea esta información?
En este caso, la respuesta es el acompañamiento de la persona durante toda su vida.
El árbol permite convertir esa idea en una metáfora visual.
- Las raíces representan aquello que sostiene: familia, derechos y apoyo.
- El tronco conecta las diferentes etapas de la vida.
- Y la copa muestra aquello que queremos ayudar a crecer: autonomía, inclusión, felicidad, bienestar y futuro.
Aquí ya no estamos intentando que la persona recuerde todos los servicios. Queremos que recuerde el sentido que conecta todos esos servicios.
Por eso, frente al mapa y la tabla, yo llamaría a esta tercera opción metáfora visual —más que esquema—. Describe mucho mejor lo que estás haciendo.
La pregunta que responde es: ¿Cuál es la idea esencial que queremos recordar?
Mapa, tabla o metáfora: el formato depende del mensaje
Este ejemplo muestra algo que considero fundamental cuando trabajo con Visual Thinking e infografías: el formato no debería decidirse antes que el mensaje.
No se trata de pensar “voy a hacer una infografía bonita” y empezar a dibujar. Primero debemos preguntarnos qué queremos conseguir.
- Si queremos mostrar un ecosistema, quizá necesitemos un mapa visual.
- Si queremos facilitar comparaciones, probablemente funcione mejor una tabla visual.
- Si queremos explicar una secuencia, podemos utilizar una línea temporal o un recorrido.
- Si queremos mostrar relaciones, podemos trabajar con un diagrama.
- Y si queremos que una gran idea permanezca en la memoria, una metáfora visual puede resultar mucho más potente.
La clave está en encontrar la estructura visual que mejor ayude a comprender el contenido.
De información compleja a una historia visual
Por eso, para mí, crear una infografía tiene mucho menos que ver con decorar y mucho más con pensar.
Mi trabajo empieza mucho antes de dibujar: hay que leer, preguntar, seleccionar, agrupar, eliminar, relacionar y jerarquizar la información. Solo después llega la parte visual.
Y cuando ese trabajo previo está bien hecho, podemos transformar páginas de información en una imagen capaz de ofrecer primero una visión global y permitir después descubrir los detalles.
Eso es lo que busco cuando utilizo el Visual Thinking para crear infografías: que una persona pueda mirar una información compleja y pensar: “Ahora lo entiendo.”
¿Tienes mucha información y no sabes cómo contarla?
Si tienes un proceso, proyecto, servicio o concepto complejo que necesitas explicar de forma sencilla, puedo ayudarte a transformar toda esa información en una infografía o visualización que permita entender lo esencial de un golpe de vista.
Primero analizamos qué necesitas comunicar, a quién y dónde queremos poner el foco. Después buscamos la estructura visual que mejor lo cuente: un mapa, un recorrido, una comparativa, una metáfora visual… o una combinación de varias.
¡Cuéntame qué necesitas visualizar!