Era totalmente nueva en dos cosas: maternidad y no tener que trabajar. Una combinación que no está mal pensando en que dispones de tiempo para disfrutar y atender a tu bebé. Pero, por otro lado, no relacionarte a diario con adultos y hablar de otros temas que no sean pañales o leche te puede agobiar un poco. Fue entonces cuando decidí hacer ¡un máster! ¿Qué si estoy loca? Sí, puede ser, pero te aseguro que por el máster no es 🙂

Pensé que era momento de darle más forma a mi Plan B, que de hecho sería mi próximo Plan A o como se llame. Hice el máster para profe de secundaria. Me encantó todo lo que tuve que estudiar. Disfruté y aprendí muchísimo en las prácticas  junto a la profe María Antonia, y todos los chicos con los que compartíamos las clases.

Tardaba en metro una hora diaria de ida y otra de vuelta al cole que me habían asignado. El viaje se me hacía pesado a veces, pero nunca olvidaré el último viaje de vuelta, no quería que acabe. Me la pasé llorando todo el camino, leyendo y releyendo la hermosa tarjeta que habían hecho entre todos, con sus dedicatorias y sus buenos deseos. Ya era profe 🙂

Mientras había estado cursando el máster, también me certifiqué como facilitadora en Visual Thinking junto a Philippe Boukobza, una gran persona y un gran gurú en este tema. La historia de cómo él acabó dedicándose al #VisualThinking fue de gran inspiración para mí. Y me di cuenta de cuánto me gustaría emprender por aquí.

Con el apoyo incondicional de mi compañero de viaje al que nunca tendré forma humana de agradecerle todo, decidí presentarme como “facilitadora en pensamiento visual”. Fue la mejor definición que se me ocurrió porque por un lado, quería impartir formación -que no es otra cosa que facilitar a otras personas los medios y técnicas para que sean capaces de crear por sí mismos-, y por otro quería apoyar o facilitar a otras personas o empresas la comunicación de forma visual. Y así fue como le puse nombre a mi nuevo plan.